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Límites en la pareja: la condición para que haya dos personas reales

  • 13 may
  • 4 Min. de lectura

La palabra "límites" en el contexto de una pareja suena, casi inevitablemente, a defensa. A muros, a distancia, a protegerse del otro. Como si poner un límite fuera alejarse.


Es exactamente lo contrario.


Un límite genuino en la pareja no es una pared entre dos personas. Es lo que hace posible que haya dos personas — en lugar de una que absorbe a la otra, o dos que se funden hasta no saber bien dónde termina uno y empieza el otro.



Quien no puede decir no, no puede decir sí


Humberto Maturana definía el amor como la aceptación del otro como legítimo otro. No como proyecto, no como extensión de uno mismo, no como alguien que existe para satisfacer las propias necesidades — sino como alguien con su propia existencia, sus propias necesidades, su propio mundo.


Esa definición tiene una consecuencia que no siempre se ve de inmediato: para que haya encuentro real entre dos personas, las dos tienen que estar presentes de verdad. Y presencia real incluye la capacidad de decir que no.


La persona que no puede decir que no en una pareja — que cede sistemáticamente, que evita el conflicto, que ajusta sus propias necesidades para no incomodar al otro — no está dando más amor. Está dando menos presencia. Y lo que recibe la pareja no es un encuentro con alguien real, sino con alguien que se adapta.


Quien no puede decir no, no puede decir sí de verdad. El sí que viene de alguien que no tiene otra opción no es elección — es resignación. Y esa diferencia, aunque no siempre se nombre, se siente.



El límite como acto de amor


Rebeca Wild, cuyo trabajo en pedagogía viva ilumina algo que va mucho más allá de la crianza, insistía en que los límites genuinos no vienen de normas externas sino de necesidades reales. Un límite que viene de "así debe ser" es frágil y arbitrario. Un límite que viene de "esto es lo que puedo sostener" tiene raíz, tiene peso, puede sostenerse.


Aplicado a la pareja, esto cambia completamente el marco. Decirle al otro "no puedo con esto", "necesito espacio", "esto me hace daño" no es un acto de rechazo. Es un acto de honestidad — y esa honestidad es la materia de la que está hecho el amor real.


La pareja que puede decirse estas cosas — donde cada uno puede ocupar su lugar sin borrarse — tiene algo que las parejas sin límites generalmente no tienen: la posibilidad de confianza real.


Porque cuando el otro dice sí, uno sabe que es un sí genuino. Y cuando dice no, uno sabe que es información real sobre quién es esa persona, no una traición.



Lo que se pierde cuando los límites no existen


En las parejas donde uno o los dos no tienen acceso a sus propios límites, ocurre algo predecible: la relación pierde textura.


Las decisiones se toman de manera asimétrica. Las necesidades de uno pesan más que las del otro — no necesariamente porque alguien lo haya decidido, sino porque uno expresa las suyas y el otro las suprime. El vínculo se organiza alrededor de quien ocupa más espacio, sin que nadie lo haya elegido conscientemente.


Y la persona que no pone límites acumula lo que no dice. Eso que no se expresa no desaparece: se convierte en distancia, en resentimiento, en agotamiento. En una sensación difusa de estar en una relación donde algo no termina de ser real.


Maturana describía el amor y el miedo como estados incompatibles: no se puede amar plenamente desde el miedo. La persona que no pone límites en la pareja casi siempre lo hace desde el miedo — miedo al conflicto, miedo al rechazo, miedo a perder el vínculo si ocupa demasiado espacio. Y desde ese miedo, el amor que puede ofrecer y recibir está recortado.



Los límites no separan — distinguen


Hay una distinción que vale la pena sostener: los límites no separan a dos personas. Las distinguen.

Dos personas sin límites entre sí no están más unidas — están fusionadas. Y la fusión, aunque puede sentirse como cercanía en un primer momento, termina generando lo que intenta evitar: distancia real, pérdida del deseo, la sensación de que el otro ya no es alguien con quien encontrarse sino alguien con quien convivir.


Esther Perel lo dice desde otro ángulo: el deseo necesita distancia, necesita alteridad, necesita la sensación de que el otro es también alguien separado con su propio mundo interior. Los límites son exactamente eso — la forma concreta en que cada persona mantiene su propio mundo dentro del vínculo compartido.


La pareja que puede sostenerse como dos personas distintas — con sus propias necesidades, sus propios límites, su propia presencia — tiene más posibilidades de encuentro real que la pareja que se fusiona. Porque el encuentro requiere que haya dos.



Cómo se desarrolla esta capacidad


Para muchas personas, poner límites en la pareja no es una habilidad que simplemente se decide activar. Es algo que requiere trabajo — porque la dificultad para hacerlo casi siempre tiene raíces antiguas.


La persona que aprendió de chica que sus necesidades eran demasiado, o que el amor implicaba borrarse, va a encontrar esa misma dificultad en su pareja adulta. No porque no quiera hacer las cosas diferente, sino porque la parte que aprendió a ceder lleva años perfeccionando ese trabajo.


Lo que tiende a cambiar esa capacidad no es la voluntad sola. Es un proceso de entender de dónde viene la dificultad, qué tiene miedo de que pase si actúa diferente, y qué necesitaría para poder estar más plenamente presente en el vínculo.


Ese proceso, cuando ocurre, no solo cambia a la persona. Cambia la relación — porque cuando uno empieza a ocupar más lugar, el otro recibe algo que probablemente nunca recibió del todo: la presencia real de quien tiene al lado.


Si esto resuena con algo que estás viviendo, ofrezco una videollamada sin costo para conocernos y evaluar si este espacio puede ser útil para donde estás ahora.



Terapeuta parejas Mar del Plata

Matias Garber es terapeuta especializado en parejas y procesos individuales. Vive en Argentina y atiende online y presencial en Mar del Plata (en Güemes y Acantilados). Integra el enfoque sistémico con la Comunicación No Violenta y el trabajo con partes internas.








 
 
 

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