top of page

Si sos complaciente y no sabés decir no, esto es lo que puede estar pasando adentro tuyo

  • 8 may
  • 5 Min. de lectura

Decís que sí cuando querés decir que no. Anticipás lo que el otro necesita antes de que lo pida. Suavizás las cosas, evitás el conflicto, te callás para que el otro esté cómodo. Y después, en algún momento tranquilo, te sentís agotado. O resentido. O frustrado. O todo a la vez.


Persona complaciente - de donde viene ese mecanismo y como se puede modificar

Si esto te suena conocido, probablemente ya encontraste el nombre: complaciente. Es un término que resuena con mucha gente, y hay una razón para eso. Pero el nombre, útil como es para reconocerse, no explica demasiado. No dice de dónde viene esto, ni por qué es tan difícil de cambiar aunque puedas verte haciéndolo.


Dos marcos conceptuales, leídos juntos, se acercan más a responder eso.



De dónde viene: Gabor Maté y la lógica de la adaptación


Gabor Maté, médico e investigador húngaro-canadiense que dedicó décadas al estudio del trauma y el cuerpo, ofrece una perspectiva que reencuadra el comportamiento complaciente por completo: no es un defecto de carácter. Es una adaptación.


Su argumento central es que los niños tienen dos necesidades fundamentales que a veces entran en conflicto — la necesidad de autenticidad (expresar lo que realmente son y les pasa) y la necesidad de apego (mantenerse conectados y aceptados por las personas de las que dependen). Cuando expresar lo que uno siente genuinamente — enojo, tristeza, miedo— amenaza ese apego, el niño aprende a suprimirlo. No porque lo decida conscientemente, sino porque el sistema nervioso hace un cálculo: la conexión y la pertenencia son más importantes que la verdad de lo que siente en este momento.


Complacer a los demás, en esta lectura, fue alguna vez una estrategia de supervivencia. El niño que aprendió a leer el ambiente, anticipar estados de ánimo y ajustarse estaba haciendo algo inteligente. Estaba protegiendo el vínculo. El problema es que esa estrategia no se actualiza sola cuando cambia el contexto original. Sigue funcionando en la adultez, en relaciones y entornos donde la amenaza ya no es real — pero el cuerpo todavía no lo sabe.


Este reencuadre importa porque desplaza la pregunta de "¿qué está mal en mí?" a "¿qué me pasó, y qué aprendí de eso?". Es un punto de partida muy diferente.



Qué está pasando ahora: IFS y la parte que aprendió a complacer


Los Sistemas de Familia Interna (IFS), desarrollados por el psicólogo Richard Schwartz, ofrecen una lente complementaria para entender lo que ocurre en el presente.


IFS propone que la mente no es una cosa única y unificada, sino un sistema de partes — distintas voces internas, impulsos y patrones que se desarrollaron en diferentes momentos de nuestra vida, cada uno con su propia lógica y su propio rol. Las partes no son patologías. Son adaptaciones — que es exactamente lo que describe Maté, pero mapeado sobre el paisaje interior.


Dentro de este marco, el patrón complaciente es sostenido por una parte protectora — una parte que aprendió muy temprano que mantener a los otros contentos era la manera más segura de seguir conectado. Esta parte no es irracional. Está haciendo un trabajo para el que fue entrenada. Pero dentro de una relación o de una vida adulta, ese trabajo empieza a generar problemas que ninguno de los dos — ni la persona ni la parte — termina de entender.


Lo que hace útil al IFS acá es lo que sugiere sobre cómo relacionarse con esa parte. El objetivo no es eliminarla ni aplastarla con fuerza de voluntad — ambas estrategias tienden a fallar, como sabe cualquiera que haya intentado "simplemente empezar a decir que no". El objetivo es mirar con curiosidad esa parte interna. Por ejemplo preguntarle: ¿qué creés que pasaría si pararas? ¿A qué le tenés miedo?


Casi siempre la respuesta viene de algo que esa parte aprendió hace mucho tiempo. El miedo debajo de la complacencia compulsiva generalmente no tiene que ver con el momento presente.

Una premisa fundamental de esta mirada: cada parte interna está intentando contribuir con el bienestar general del sistema (la persona). Desde esta perspectiva el autoboicot ya no existe. Es una parte que se está expresando y pide ser tenida en cuenta.



El agotamiento tiene una estructura


Algo que a veces se pierde de vista sobre las personas complacientes es que el agotamiento no es aleatorio. Sigue un patrón.


El trabajo de Maté sobre el cuerpo lo hace concreto: la supresión crónica de la emoción auténtica tiene consecuencias fisiológicas. El sistema nervioso que siempre está escaneando el estado emocional del otro, siempre preparado para la desaprobación, siempre modulando la propia expresión — ese es un sistema nervioso bajo carga sostenida. La fatiga que reportan las personas complacientes no es debilidad ni falta de voluntad. Es el costo de un sistema que nunca descansa.


El IFS agrega otra capa: las partes que se suprimen para que la parte complaciente pueda operar — la parte que siente enojo, la que tiene deseos propios, la que quiere decir que no — no desaparecen. Se van al fondo. Y tienden a surgir de maneras indirectas: en el resentimiento que se acumula lentamente, en relaciones que se sienten asimétricas, en una sensación difusa de no saber ya qué es lo que uno quiere.



Qué cambia, y cómo


Lo que Maté y Schwartz señalan es el mismo movimiento fundamental: volverse hacia el patrón complaciente con curiosidad en lugar de juicio. Entender por qué se desarrolló esa parte, qué estuvo protegiendo, y qué necesitaría para poder relajarse — aunque sea un poco.


En la práctica, esto suele implicar desarrollar la capacidad de notar, en tiempo real, el momento antes del sí automático. No para detenerlo por la fuerza, sino para traer algo de conciencia a lo que está ocurriendo. Con el tiempo, y con esa conciencia, algo empieza a moverse. La parte que aprendió a complacer empieza a confiar en que el sistema puede tolerar aquello que estaba protegiendo. No tiene que trabajar tan duro.


Este tipo de trabajo rara vez ocurre solo, y rara vez ocurre rápido. Tiende a ocurrir en relación — lo cual es a la vez la ironía y la lógica de todo esto. El patrón se formó en relación. Tiende a aflojarse en relación también.



Una nota si te reconocés acá


Si esto resuena, puede valer el intento sentarse con lo que trae ese reconocimiento. Alivio, a veces. Tristeza, con frecuencia — por todas las veces que elegiste la conexión por sobre tu autenticidad y lo pagaste en silencio.


Esa tristeza vale algo. Significa que una parte de vos sabe que hay otra manera de estar.

Si querés explorar esto, ofrezco una videollamada sin costo para conocernos y evaluar si este espacio puede ser útil para donde estás ahora.



Terapeuta parejas Mar del Plata

Matias Garber es terapeuta especializado en parejas y procesos individuales. Vive en Argentina y atiende online y presencial en Mar del Plata (en Güemes y Acantilados). Integra el enfoque sistémico con la Comunicación No Violenta y el trabajo con partes internas.








 
 
 

Comentarios


bottom of page