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Por qué repetís los mismos conflictos sin importar con quién estés

  • 7 may
  • 4 min de lectura

Hay un momento en que la pregunta ya no es "¿qué tiene esta persona que me hace mal?" sino algo más incómodo: "¿qué tengo yo que hace que esto se repita?"


Es una pregunta que aparece después de que el mismo patrón ocurrió en dos relaciones distintas, o tres. La misma dinámica de abandono, o de control, o de distancia emocional. La misma sensación de no ser suficiente, o de cargar con demasiado, o de terminar siempre en el mismo lugar aunque el otro sea completamente diferente.


Cuando el denominador común de todas las relaciones es uno mismo, algo está pidiendo ser mirado.



El guión que nadie escribió conscientemente


Bert Hellinger, psicoterapeuta alemán y fundador de las Constelaciones Familiares, propuso algo que resulta perturbador la primera vez que se escucha: muchos de los patrones que repetimos en nuestras relaciones adultas no son nuestros. Son lealtades invisibles a dinámicas que ocurrieron antes de que naciéramos — en nuestra familia de origen, o incluso en generaciones anteriores.


No se trata de misticismo. Se trata de algo más concreto: los sistemas familiares transmiten patrones. La manera en que los padres se relacionaron entre sí, la manera en que el amor se expresó o se retuvo, los secretos que se guardaron, los vínculos que se rompieron — todo eso deja una impronta que el niño absorbe sin palabras, como el idioma del amor que aprendió.


Y ese idioma, aunque nadie lo eligió, se vuelve el filtro a través del cual se percibe y se construye cada relación posterior.



Lo que se repite y por qué


Joan Garriga, desde una perspectiva sistémica y gestáltica, describe este fenómeno con una imagen precisa: muchas personas no eligen a su pareja, la reconocen. Hay algo en el otro que resuena con algo familiar — no necesariamente agradable, sino conocido. Y lo conocido, aunque duela, genera una sensación de pertenencia que lo desconocido no ofrece.


Esto explica algo que desconcierta a mucha gente: por qué alguien que tuvo un padre emocionalmente ausente termina eligiendo, una y otra vez, parejas que no están del todo disponibles. No es masoquismo. Es que el sistema nervioso aprendió a orientarse hacia esa forma particular de vínculo. La distancia emocional se siente como casa.


Lo mismo ocurre con la persona que creció en un hogar donde el conflicto era la única forma de contacto real — y que en la adultez, sin conflicto, siente que la relación no tiene suficiente intensidad. O con quien aprendió que el amor implica sacrificio, y que sin sacrificarse no merece ser amado.


Estos patrones no operan desde la conciencia. Operan desde debajo — desde una lógica más antigua que cualquier decisión racional.



La diferencia entre historia y destino


Reconocer estos patrones no es una condena. Es exactamente lo contrario.

Hellinger insistía en algo importante: entender de dónde viene un patrón no significa justificarlo ni perpetuarlo. Significa poder verlo — y cuando se puede ver algo, la relación con eso cambia. Ya no se está simplemente adentro del patrón, reaccionando. Se empieza a tener algo de perspectiva sobre él.


Garriga agrega una distinción que vale la pena sostener: hay una diferencia entre repetir inconscientemente y elegir conscientemente. La mayoría de la gente que repite patrones dolorosos no lo hace porque quiera sufrir. Lo hace porque todavía no encontró la manera de salir de un guión que aprendió antes de tener palabras para cuestionarlo.


El trabajo no es negar la historia. Es dejar de ser gobernado por ella.


Lo que el IFS ve en esos momentos de repetición


Desde el enfoque de Partes Internas, cada vez que se activa un patrón relacional — cada vez que aparece la misma reacción desproporcionada, el mismo repliegue, la misma explosión — hay una parte de la persona que tomó el control.


Esa parte no es el problema. Es una parte que aprendió a responder de esa manera porque en algún momento fue lo que funcionó. El niño que aprendió a enojarse para ser tenido en cuenta lleva esa estrategia a la adultez. El que aprendió que callarse protegía el vínculo también.


La pregunta que el IFS propone no es "¿cómo elimino esta reacción?" sino "¿qué está protegiendo esta parte interna mía? ¿qué tiene miedo de que pase si no actúa así?". Esa pregunta, cuando se puede sostener con genuina curiosidad, abre algo que la fuerza de voluntad sola no puede abrir.


Por qué el cambio no alcanza con querer cambiar


Una de las cosas más frustrantes de los patrones relacionales es que no se van solo con comprensión intelectual. Muchas personas pueden describir con precisión el patrón que repiten, saben de dónde viene, y aun así lo repiten.


Eso no es falta de voluntad. Es que el patrón no vive en el nivel donde opera la voluntad. Vive en el cuerpo, en el sistema nervioso, en las respuestas automáticas que se activan antes de que haya tiempo de pensar.


El trabajo terapéutico en este nivel no es convencer a la mente de que piense diferente. Es crear las condiciones para que el sistema entero — no solo la cabeza — pueda aprender que hay otras maneras de estar en relación. Eso lleva tiempo, y generalmente requiere un espacio específico para hacerlo.


Si reconocés en tu historia esta repetición que no termina de entenderse, ofrezco una videollamada sin costo para conocernos y evaluar si este espacio puede ser útil para donde estás ahora.


Terapeuta parejas Mar del Plata

Matias Garber es terapeuta especializado en parejas y procesos individuales. Vive en Argentina y atiende online y presencial en Mar del Plata (en Güemes y Acantilados). Integra el enfoque sistémico con la Comunicación No Violenta y el trabajo con partes internas.








 
 
 

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